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Amor no es control: aprendiendo a diferenciar

 


Amor no es control: aprendiendo a diferenciar

En muchas ocasiones se nos ha enseñado que el amor implica sacrificio, entrega total e incluso renunciar a ciertas libertades. Sin embargo, es importante detenernos y reflexionar: el amor verdadero no controla, no impone ni limita la identidad de la otra persona.

El control suele disfrazarse de “preocupación”, “cuidado” o “celos normales”. Frases como “lo hago porque te amo” o “es por tu bien” pueden parecer inofensivas, pero cuando vienen acompañadas de vigilancia, manipulación o prohibiciones, dejan de ser amor y se convierten en una forma de dominación.

Amar significa confiar. Significa respetar los espacios, las decisiones y los sueños del otro, aun cuando no siempre coincidan con los nuestros. El amor sano no genera miedo, culpa ni ansiedad; al contrario, brinda seguridad, paz y crecimiento mutuo.

Aprender a diferenciar entre amor y control es un acto de madurez emocional. Implica reconocer nuestros propios límites y también respetar los de los demás. Una relación saludable se construye desde el diálogo, la empatía y la libertad, no desde la exigencia o la presión.

Si alguna vez te has sentido atrapado, silenciado o constantemente cuestionado en nombre del amor, es momento de replantear esa relación. El amor no encierra, el amor acompaña. Y cuando es genuino, permite que ambas personas sean quienes realmente son.

Porque amar no es poseer, es compartir. No es controlar, es confiar.

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